Estoy en una silla. Es una silla que me tiene parado. La miro y es de madera, parece bonita a simple vista o de lejos. Pero si agudizas la mirada podrás ver que tiene astillas. Gusanos pequeñitos color beige la van devorando y ya empiezo a pensar en que me pueden acabar devorando a mí.
Tengo ganas de saltar fuerte, porque es que voy al cuarto de baño y la silla no me lo permite. Si me muevo lo más mínimo me clavo palitos de madera en el muslo o en el costado.
Pienso en lo que sería salir de la silla, en lo poco que me gustaría acabar aquí. Me tengo que agarrar a la palabra 'ojalá' y me imagino corriendo por encima del mapa hacia arriba.
Estoy en la situación en la que sonrío si pienso en empezar a dar pasos fuera de aquí, sabiendo que el viaje que inicio es ese en el que te veo.
Qué bueno sería poder verte hoy y es imposible.
¿Por qué?
Este mundo nos lo quiso poner difícil. Nos escogió guerreros para resistir astillas. Nos puso lejos para imaginarnos más. Nos quiso gigantes para besarnos a escondidas. Y nos quiso jóvenes para revelarnos y arrancar nuestra piel de la silla.
Que cuando llegue allí me podrás curar con solo mirarme.
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