Tengo calor
Antes que hambre
Nadie nos hiere
Tomo este sable.
Anda corriendo
Suela de Lepanto
Cae malherido
Odioso este manco.
Sabe mejor que nadie
Así que nadie no está aquí
Si es educado es prudente
Pues le enseñaron así.
Odiseas me contaba
Rociando el asfalto de pólvora
Hacíamos como que versábamos
Afrenta era confundirle con Góngora
Creo que llevaba gafas
Era un montículo con fusiones
Risas a lo lejos de rudos y niñas
Así se iluminaban nuestras noches.
No temas más, porque él no va a venir
Inteligente, sabio, ¿para qué perderse aquí?
Nadie mejor que él sabe que no podría subsistir
Así que duérmete, seguiré contando estrellas para ti.
lunes, 28 de julio de 2014
viernes, 18 de julio de 2014
la silla
Estoy en una silla. Es una silla que me tiene parado. La miro y es de madera, parece bonita a simple vista o de lejos. Pero si agudizas la mirada podrás ver que tiene astillas. Gusanos pequeñitos color beige la van devorando y ya empiezo a pensar en que me pueden acabar devorando a mí.
Tengo ganas de saltar fuerte, porque es que voy al cuarto de baño y la silla no me lo permite. Si me muevo lo más mínimo me clavo palitos de madera en el muslo o en el costado.
Pienso en lo que sería salir de la silla, en lo poco que me gustaría acabar aquí. Me tengo que agarrar a la palabra 'ojalá' y me imagino corriendo por encima del mapa hacia arriba.
Estoy en la situación en la que sonrío si pienso en empezar a dar pasos fuera de aquí, sabiendo que el viaje que inicio es ese en el que te veo.
Qué bueno sería poder verte hoy y es imposible.
¿Por qué?
Este mundo nos lo quiso poner difícil. Nos escogió guerreros para resistir astillas. Nos puso lejos para imaginarnos más. Nos quiso gigantes para besarnos a escondidas. Y nos quiso jóvenes para revelarnos y arrancar nuestra piel de la silla.
Que cuando llegue allí me podrás curar con solo mirarme.
Tengo ganas de saltar fuerte, porque es que voy al cuarto de baño y la silla no me lo permite. Si me muevo lo más mínimo me clavo palitos de madera en el muslo o en el costado.
Pienso en lo que sería salir de la silla, en lo poco que me gustaría acabar aquí. Me tengo que agarrar a la palabra 'ojalá' y me imagino corriendo por encima del mapa hacia arriba.
Estoy en la situación en la que sonrío si pienso en empezar a dar pasos fuera de aquí, sabiendo que el viaje que inicio es ese en el que te veo.
Qué bueno sería poder verte hoy y es imposible.
¿Por qué?
Este mundo nos lo quiso poner difícil. Nos escogió guerreros para resistir astillas. Nos puso lejos para imaginarnos más. Nos quiso gigantes para besarnos a escondidas. Y nos quiso jóvenes para revelarnos y arrancar nuestra piel de la silla.
Que cuando llegue allí me podrás curar con solo mirarme.
miércoles, 16 de abril de 2014
el pocero y el pozo
Antes de empezar quiero que todo el mundo tome un sitio
No habrá frutos ni bebidas en nuestro lugar de invierno
A lo mejor un poco de aire, un aire tranquilo
Terrenal es la casualidad y con mil y una alfombras te elevo.
Escribo porque no escribo,
Quieto y parado, cual niño perdido que
Un pozo de mar le hace quedar dormido.
Islas enteras construyó Wendy y sin empuñar martillo.
Esta obra perece porque carece de figuras,
Repercute en un don nadie que tanteó con dos dedos.
Oblicuo, confuso, perdió el arrojo a la escultura,
Y no le seguirá ninguno, falta corazón para el pocero.
Vive entre lo oscuro, peleador de lo pequeño
Intenta al pueblo sin dueño obedecer desde el infierno.
Vive pues en un despacho donde la secretaria no escucha.
Intransigente si ya cuenta siete gotas que le duchan.
Reza por tus hijos y reza por tus padres,
Éramos pocos y tu música pasó a llamarse calle.
Algunos te precedieron y derrumbaban con gran arte,
Tus oídos te recuerdan que al amor nunca miraste.
Un hilo de agua se vertió desde el arrecife,
Los que se ahogan y no nadan tampoco ven más allá de la superficie.
Antes que nada demuestra que no todos tienden a hundirse.
Descubriste que en tu corazón quizá no hay sitio para nadie.
Oscilando entre aguas, túnel vertical. No hay salida, ni disparos al vacío, así que no te entierran. No solucionaste nada pero, reconócelo: te acercaste más que nadie al centro de la tierra.
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